[Si volviera a ver tu cara de nuevo, tú partirías con una cachhetada la mía para exponer la poca humanidad que tengo.]
La noche arropa mis deseos,
y tú acompañarás, dama melancólica,
estas horas de oscuridad;
empieza la eterna reyerta.
Saciaré la sed Eros,
con los jugos que emanan de tu ser,
me embriagaré con ellos,
más rápido que con el mezcal,
y ya en ese estado etílico,
desaparecerá el tiempo,
las manecillas del reloj volarán
como polillas, fantasmas del pasado,
que cazarán a las antiguas y etéreas relaciones.
Comer tu cuerpo y beber tu sangre,
tal comunión, misa noctámbula,
y tus ideas, como monaguillo,
quemaran incienso
y el aroma esparcirá a las antiguas musas.
Celosa amante será la luna,
envidiará tu belleza,
y arrojará el sereno frío,
para apaciguar tu soberbia figura.
Morderé tus muslos,
te despacharás con mi rojo tomate,
atacaré tu cuello,
y al finalizar la noche
no seré más que polvo para tus delirios.
1 comentario:
Porque ahora en esta soledad
me doy cuenta de mí y mi vacío
de los pasos a seguir en mi plan,
un plan construido a expensas
de los demás y del otro,
ese alguien que no busco ser,
este que me juega en el sueño.
Aun no se a que llegue, o como me iré
pero hay un Nocturno que abriga
la muerte, la tristeza y más,
que me trasnocha y surge oportuno
aclarando mis respuestas
de las bohemias, de los días perdidos.
Busco sin cesar aquellos rubros
que me permitan anclar en eso
o en el o en ella, que con distintivos
esconde las parte del desastre
son piezas que han llegado fortuitas,
y aún sin armar, solidifican
y conquistan ásperos bordes del todo instantáneo
de mi alma inmadura
y mi cuerpo semi destrozado.
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