[A noches de insomnio y migraña una solución (que no es aspirina)].
Sustancias venenosas,
dulces y elixires,
enjuagadas en ajenjo.
Entro en éxtasis y no hay nadie conmigo,
ni los cientos de mujeres que amé
ni sus miles de palabras de rechazo.
Solo y digo idioteces,
y la garganta se quema
con vasitos de mezcal,
y las ideas se pelan
con veinte gatos que se aparean.
Embarro mi cara sobre las paredes
y las moscas lo hacen sobre las ventanas
en este nauseabundo rincón del mundo.
Entro en cólera e insulto a los ángeles,
y la sangre brota de mi nariz,
pedazos de cristal vuelan sobre mi mesa,
lloro como perro atropellado y duermo bien.