domingo, 18 de noviembre de 2018

Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO): Un espectáculo fifí

La expulsión de los mercaderes (1571-1576). El Greco
Fuente: Wikiart



Ha pasado casi un mes de la feria del libro más importante de Oaxaca, un adjetivo que la FILO se ha ganado por la increíble capacidad de gestión para conseguir recursos de patrocinadores y autoridades estatales. Sin embargo, dejando a un lado los caudales que aporta el sector privado, cabe preguntarse por los impuestos que los oaxaqueños tributan cada año para esta feria: ¿realmente es para el pueblo?

Este año lo que causó más polémica en la FILO fue la mudanza de este evento de la alameda del zócalo oaxaqueño al Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca (CCCO). Hay que señalar que el transporte urbano en Oaxaca es ineficiente por la pésima planeación urbana y existen lugares donde no pasa ninguna ruta: ¿a quiénes se les ocurrió hacer un centro de convenciones en una avenida por la que no pasa el autobús público o un colectivo? El video de sugerencia de llegada a la nueva sede de la FILO, que se publicó en su página oficial de Facebook, mostraba una ruta por transporte privado pero para llegar en camión se necesita tomar una ruta que vaya al Tule, Tlalixtac o Lomas de Sierra Juárez, bajar en la Ciudad de las Canteras, atravesarla y, mientras observas todas las maravillas que la Fundación Alfredo Harp Helú ha financiado (?), te preguntas: ¿a quiénes se les ocurrió mover una feria de un lugar al que casi todas las rutas de camiones pasaban sin ningún problema además de ser un paso obligado para muchas de las actividades de los oaxaqueños? Y ese tema del público asistente me lleva a otro punto: gran parte fueron estudiantes acarreados.

En esta edición observé a más niños uniformados que en otras ferias. Además se encontraban con cuentacuentos que no conocían su situación de vida o intereses. ¿A quiénes se les hizo buena idea traer cuentacuentos que no conocen al público oaxaqueño y no contratar a los locales? Sin embargo creo que lo mejor de la FILO fueron sus talleres para los niños. Cubrían de forma pertinente lo que ellos desean: jugar. Pero dejemos a un lado a los asistentes: jóvenes de bachilleres y de universidades que buscaban un punto para su asignatura y a los niños uniformados que poblaron la FILO; pasemos a los stands.

Cuando he ido a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara o la del Zócalo de la Ciudad de México, a pesar de la inmensa área que ocupan, nunca me he sentido perdido o abrumado ante tanta oferta y creo que es por la excelente distribución de sus stands. ¿Quieres comprar en librerías “de viejo”?, hay una zona para ello. ¿Deseas ir a ver qué hay en las librerías del gobierno?, hay un lugar. ¿Deseas comer algo?, café, sándwiches y otros aperitivos te esperan en otra parte. Sin embargo los organizadores de la FILO no supieron ocupar el espacio del CCCO. Casi todos los stands eran de la Proveedora Escolar* y encontré tres cerrados: ¿dónde estaban las librerías “de viejo” de Oaxaca?, ¿cuáles fueron los precios por stand? y ¿por qué casi no hubieron rebajas importantes en publicaciones? “Pero hubo un aumento de stands de juegos didácticos”, me señaló una persona que se sentó a mi lado en una conferencia de la FILO. Eso nos lleva al otro tópico de una feria del libro: los invitados.

Personajes de ideas políticas de centro permearon esta feria, personajes que deciden no tener postura, que van contra la verdad. No hubo debates importantes, no hubo ningún joven que cuestionara a algún invitado ya sea por su incongruencia, postura política o literaria, nada que ofreciera una nota periodística que fuera viral o que se prestara a comentarios en los círculos culturales oaxaqueños. Los mismos autores de cada edición, los nuevos que eran extranjeros que desconocen la tradición literaria mexicana, ideas incombustibles y casi ninguna oferta de libros; una feria que da el siguiente mensaje: “la cultura sólo es para los fifís, para los adinerados, los privilegiados”. Un espectáculo que sólo llena las pretensiones pequeño burguesas de la vallistocracia que desea tener poder político y ganancias económicas a partir de la cultura.

Qué tipo de feria del libro sería otra opción: una que nos haga reflexionar, cuestionar nuestra realidad y a la autoridad (ya sea literaria, académica o política), una que obligue a los escritores y artistas oaxaqueños a tomarse en serio su papel de intelectual. Una que desnude las posturas fascistas que a veces, por sutiles, se develan de la confrontación de ideas, una FILO para el pueblo oaxaqueño que incendie la vida cultural en nuestro estado.

Nota
*Papelería y librería de la cual es propietario el director general de la FILO y dueño de Almadía: Guillermo Quijas.